| La agricultura moderna ha logrado incrementos productivos notables. La creciente producción de alimentos se ha debido, entre otros factores, a un importante proceso de intensificación, en el que se destaca el amplio uso de insumos para el control de malezas, plagas y enfermedades, como así también fertilizantes. Así, los últimos 50 años del siglo XX se caracterizaron por una fuerte dependencia respecto de los agroquímicos como elementos fundamentales en el control de adversidades de los cultivos. El desarrollo de diferentes familias de herbicidas a partir de la década del ´40 dio lugar a la idea de que el control químico sería una herramienta que posibilitaría la erradicación de malezas, convirtiéndose, desde entonces, en el método principal utilizado por los productores agropecuarios. Prueba de ello es la importante cantidad de herbicidas químicos que se utilizan actualmente para tratar de mantener a las mismas en niveles que permitan la productividad de los cultivos. No obstante este esfuerzo, la presencia de malezas ha acompañado a la agricultura desde su mismo inicio y lo sigue haciendo en la actualidad.
Las características de plantas indeseadas y perjudiciales son conceptos que han predominado en el concepto de maleza. La posibilidad de interferencia de las actividades agrícolas actuó como marco teórico para la difusión masiva del control químico de malezas. En ese enfoque se pone énfasis en la idea de eliminar la maleza por sobre el concepto de controlarlas. El uso reiterado de herbicidas trajo consecuencias tanto a nivel local como regional. Dentro de los inconvenientes a escala del predio pueden mencionarse la aparición de malezas resistentes a herbicidas y la disminución de la diversidad florística. La desaparición de las malezas del paisaje agrícola condujo al incremento de plagas y enfermedades, dado que desaparecieron los refugios (que constituían las propias malezas) que utilizaban los organismos encargados de controlar dichas adversidades. Al nivel regional se han producido situaciones de contaminación ambiental que han llevado por ejemplo a detectar altas concentraciones de herbicidas en los reservorios que abastecen de agua a distintas comunidades urbanas.
Biocontrol de malezas
El control biológico puede definirse como el uso de organismos vivos para el control de plagas. Los enemigos naturales utilizados para el control biológico de malezas son aquellos que atacan las malezas, ya sea ingiriendo la masa vegetal por el animal liberado (usualmente insectos, pero también puede incluir ácaros, nemátodos, etc.), o por enfermedades de las plantas, particularmente hongos. La mayor parte de las investigaciones en el pasado se ha dirigido a malezas dicotiledóneas, pero en años recientes la atención se ha dirigido a las especies monocotiledóneas, particularmente para la evaluación de los agentes fungosos de control potenciales.
Control biológico clásico
Este método se basa en la introducción de enemigos exóticos naturales en áreas, donde anteriormente no estaban presentes, para el control de una maleza específica. Por lo general el método se aplica, pero no siempre es el caso, a malezas exóticas. Esto se debe a que una maleza exótica es normalmente introducida en una nueva área libre de sus enemigos naturales normales, lo que crea un desbalance ecológico que posibilita su reproducción y diseminación con mucho más éxito que en su región de origen, donde es atacada por un número de enemigos naturales que reducen su competencia. Esta introducción de enemigos naturales, traídos del área de origen de la maleza a su nuevo hábitat exótico, es la que permite el control exitoso de la maleza y la restauración del balance natural.
Una de las grandes ventajas del control biológico clásico, es que puede lograr una solución efectiva con una inversión relativamente pequeña para la investigación. Se obtiene una solución técnicamente efectiva, duradera y que finalmente se autoperpetúa. Una vez que los agentes de control se establecen, ellos se reproducen sobre las malezas para producir más agentes de control, lo cual mantiene la acción de control sobre la maleza. Estos beneficios continuarán para así compensar todos los costos incurridos de exploración, pruebas y liberación de los agentes.
De lo anterior es evidente que el control biológico clásico puede ser utilizado para el control de malezas específicas que causan problemas en los sistemas agrícolas de bajos insumos. Una consideración cuidadosa se deberá dar al análisis y decisión de las malezas incidentes de un sistema agrícola, que realmente merecen aplicar este método. En particular, algunas especies de malezas de difícil control por vía de desyerbe manual, p.ej. el Corocillo (Cyperus spp.) es una posible candidata a ser sometida a este tipo de control, así como las parásitas del género Striga, las que atraen atención específica del agricultor.
Efectos de las malezas
Los efectos que las malezas pueden ocasionar en los cultivos se clasifican en dos categorías: directos e indirectos.
Efectos directos:
• Disminución del rendimiento del cultivo por efecto de la competencia por radiación solar, agua y nutrientes.
• Depreciación comercial del producto obtenido debido a la presencia de cuerpos extraños, impurezas, olores objetables, compuestos tóxicos.
Efectos indirectos:
• Hospedadores alternativos de insectos y/o enfermedades.
• Elección limitada de cultivos debido a las malezas presentes.
• Realización de labores adicionales para controlarlas.
Dentro de un enfoque tendiente al desarrollo de un manejo integrado de malezas se considera que existen ciertos efectos benéficos de las malezas, entre los que pueden citarse:
• Prevenir la erosión del suelo.
• Atraer y repeler insectos fuera del cultivo.
• Acumular nutrientes en áreas de alta precipitación, evitando el lavado de los mismos hacia los reservorios.
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